Dos formas de representar la lucha entre el bien y el mal
Mayo 18th, 2009 por Administrador
Seguramente habrás visto en alguna iglesia la cantidad de personas que se agrupan en torno a una imagen de Santa Teresa de los Andes o de algún otro santo, implorando un favor o agradeciendo el pedido atendido.
Las imágenes sirven para que, valga la redundancia, nos imaginemos a personas que no conocimos o que no podríamos conocer por medio de la vista, pues son puro espíritu, como son los ángeles.
Por este motivo, con las imágenes se debe procurar que enseñen, sin falsear la realidad concreta del personaje representado, la virtud que en él brilló, y -por así decir- la mentalidad del santo.
Éste es el sentido de las imágenes en las iglesias. La Fe nos entra por los oídos, pero la vista nos ayuda a iluminar los conceptos que oímos desde niños.
Es el caso, por ejemplo del Príncipe de los ángeles, San Miguel. Su condición de ser espiritual exige que su representación física, no se aleje en nada de lo que es su virtud propia. Es decir, la del espíritu que expulsó a Lucifer del Cielo, por causa de su rebelión contra Dios, y lo precipitó al fondo del infierno
¿Cómo se puede representar de modo fiel un puro espíritu de luz expulsando a otro puro espíritu de tinieblas? Veamos dos formas de representar esta realidad.
La primera es la imagen que se venera en la Catedral de Santiago. En ella, San Miguel aparece en la forma de un soldado romano, alado, que entierra su lanza en el cuello del demonio.
Todo en él es fuerza, decisión, impacto. Las alas están desplegadas como las de un águila que acaba de atrapar su presa. Los brazos son fuertes y clavan con energía la lanza. Los pies pisan sobre el cuerpo del demonio, para impedirle que se levante. Su fisonomía es severa y desafiante. Se diría que en él no hay sino una voluntad: aplastar al demonio. Todo en él está dispuesto para que el golpe sea fulminante y decisivo. Es la propia expresión de la virtud en choque con el vicio.
El demonio, por su parte, es un ser oscuro, rebajado al nivel del suelo y aplastado, pero que opone resistencia. Sus cabellos están desordenados y de entre ellos salen trenzas y serpientes, figura de su desorden interior y de sus pésimas intenciones. En él también hay fuerza, pero es la fuerza del rebelde que sabe su causa está perdida por ser ilegítima, pero que por orgullo no quiere aceptar al vencedor ni al Orden perfecto que es Dios. “No serviré”, es su grito de protesta que parece salir permanentemente de su boca.
Si San Miguel no estuviera sobre él, venciéndolo, él estaría sobre San Miguel, humillándolo. En resumen, una excelente representación física de los que es la lucha entre el bien y el mal.
Consideremos ahora esta segunda representación de San Miguel y el demonio, que se encuentra en la iglesia de Nuestra Señora de las Rosas, en Santiago.
El ángel también es representado como soldado romano, pero en él su uniforme no deja ver sino los brazos sin fuerza y las piernas endebles de un niño en edad de crecimiento. Su lanza le sirve más para apoyarse que para herir al demonio.
Más que un guerrero, parece un adolescente enclenque y con sueño, a quien le mandaron una tarea que no tiene ganas de hacer. Se diría que en él no existe conciencia de estar en un combate con el demonio, sino soñando consigo mismo. Sus propias alas, arqueadas hacia abajo, más parecen pesarle que permitirle el vuelo y aumentan aún más el carácter depresivo del personaje. En resumen, nada en él deja trasparecer a un espíritu de luz.
El demonio, a su vez, no está siendo rebajado ni vencido. Al contrario del ser repulsivo de la imagen anterior, el artista lo diseñó con la forma caricaturesca de un chanchito alado. Antes que un rebelde contra Dios, parece un animalito queriendo jugar con el niño que está arriba. Casi se diría que se quiso inspirar compasión y simpatía de quienes ven esta imagen, por presentarlo como víctima inofensiva de una agresión.
En la actitud psicológica de ambos no existe un combate de vida y de muerte, sino una especie de consenso irresponsable. Se diría que es un San Miguel con mentalidad democratacristiana, que no cree en la malicia de nadie, a no ser de los intransigentes que ven malas intenciones en el demonio. Contra estos últimos sí que el ángel dormilón se despertaría sobresaltado y furioso…
En definitiva, una pésima representación de uno de los momentos culmines de la historia de la Creación.
Me podrás objetar que no es posible que una imagen que está en el altar de una iglesia católica pueda representar tantos errores.
Te respondo que es necesario distinguir. En la imagen hay dos aspectos. Una es la forma, San Miguel en lucha contra el demonio; ésta es verdadera. Otra es el mensaje, o el modo de representar este combate; éste es erróneo. Y aceptar el mensaje es adherir al error, por más que se encuentre en el interior de una bonita iglesia.
Por este motivo quienes hacen (y utilizan) las imágenes tienen una grave responsabilidad en la formación de los católicos, pues en cierta forma moldean los espíritus de quienes las contemplan y un molde deformado, obviamente, deforma las almas…