El otoño es una despedida, pero no desesperada
Mayo 31st, 2009 por Administrador
¿Cuántas hojas ya vistes caer en estos días? ¿Pensaste en lo que nos quieren decir?
Seguramente observaste que ellas van cayendo poco a poco, deslizándose por el aire de forma “caprichosa” de acuerdo al compás del viento. Los árboles que hace días, semanas, meses atrás fueron de un verde que alcanzaba todas sus tonalidades conocidas, ahora son amarillas y rojizas
Sí, el color del otoño es el dorado. Este color que por tantos años ha de ser el símbolo de la realeza. En simples palabras: Grandeza. El otoño es una despedida, pero no desesperada. Las hojas caen de a poco, sin apuro, se diría que con la paz de una conciencia en orden. El invierno será crudo sin perder la esperanza que la primavera llegará y habrá un reflorecer.
Te preguntarás a qué va todo esto, es simple. Cuando comenzó este otoño y observando los árboles me vino la siguiente analogía: Que las estaciones son como la vida del ser humano. Y el otoño es el representante de la vejez.
Si hoy en día alguien prefiriese una edad, de seguro nadie elegiría la vejez, es más, es la edad rechazada por excelencia. Sólo con saber que algún día llegaremos a tal etapa la angustia es reflejada en los ojos. Buscarán la eutanasia, la salida al sufrimiento, con el pretexto de no ser un peso para los familiares. Sin embargo la vejez debe ser vista, como la etapa de la vida en la cual se alcanza el esplendor de la sabiduría. Es aquel metal que se ha ido forjando en nuestro interior logrando su color dorado… color de grandeza. No hay quién no consulte a su abuelo, viendo en él, un pilar firme para apoyar todas las inquietudes.
Pero, para que las hojas del árbol sean doradas en otoño, ellas deberán haber sido verdes en primavera y haber dado frutos en verano. Para eso el árbol debió buscar la Luz del sol, y debió haber soportado las adversidades del clima. Así es la vida. La vida de un cristiano.
Debemos aprovechar nuestra juventud para crecer buscando la luz del Sol de la Verdad, que nos da la fuerza para enfrentar las inevitables adversidades de la tierra de exilio en que nacimos. Sólo si somos iluminados por esa luz y marcados por las adversidades, nuestros últimos días serán dorados.
Ignacio
Estudiante 4° año de Historia