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Tengo más de 18 años, estoy inscrito en los registros electorales, tengo conciencia que debía votar y, sin embargo, confieso que no lo hice.

Sí, no voté y no me arrepiento de mi abstención. ¿Por qué?

Sencillamente porque ningún candidato de mi comuna explicó cuáles serían los aspectos centrales de su gobierno, y creo que esta actitud fue más o menos igual en todo el País.

Campaña que muestra caras y esconde ideas

Mi barrio fue literalmente inundado de “palomitas”, tantas como las que se juntan en la Plaza de Armas cuando algún jubilado les tira migas. Las “palomitas” políticas eran fotografías de personas, en su mayoría más o menos desconocidas para mí. Todas sonreían y sus sonrisas parecían querer convencerme de que votara por ellos.

Traté de saber a qué Partidos representaban esas caras, y, en la mayor parte de los casos, no aparecían las iniciales del Partido o estaban tan pequeñas, que era más para no ser vistas que para aclarar la identidad de pensamiento del candidato fotografiado.

¿Cómo saber entonces cuáles eran los proyectos comunales entre tantas sonrisas y tan pocas ideas?

Me fuí al portal www.porquienvotoyo de “La Tercera”, formulé mis preguntas a un candidato que me daba más confianza, comenzando por la que me interesaba más: ¿repartirá Ud. la “píldora del día siguiente”? La página web me respondió preguntando si podría trasmitir esa pregunta a todos los candidatos de la Comuna. Por supuesto, respondí que sí.

Esperé la respuesta hasta la víspera de las elecciones y no recibí ninguna. Decidí entonces no votar. No podía hacerme cómplice de un alcalde que después, con mi voto, podría matar criaturas en el vientre materno.

Un desinterés creciente de los jóvenes con la política

Les cuento mi caso porque no fui el único que se abstuvo de votar. Un millón y medio de personas, igualmente inscritas que yo, tampoco votaron y otro medio millón de personas votaron en blanco o nulo. Claro, no les convenció ningún candidato, pero le tenían miedo a la multa.

Es decir, de los 8.110.256 chilenos inscritos en los registros electorales, cerca de dos millones no votaron.

Más indicativo aún es la falta de interés por inscribirse por parte de los jóvenes que ya cumplieron los 18 años. Según estudios de Flacso, hay cerca de 2,4 millones de chilenos en edad de votar, que no se encuentran inscritos, lo que representa cerca del 20% de los jóvenes en edad de votar.

Por lo tanto, si se suman, en las pasadas elecciones municipales: la abstención (18%); más los votos blancos o nulos (8%); más los no inscritos (20%), da un total de 46 % de chilenos que no quisieron hacer uso de su derecho a votar. Es decir, casi la mitad de lo que sería el cuerpo electoral.

Al respecto, un lector de “El Mercurio” escribió: “En la elección municipal de 1992, los menores de 30 años eran el 60% de los votantes, en 2000 casi el 30%, y hoy fueron el 16%. A este paso, para el Bicentenario podemos subir la edad mínima de votar a 30 años y nadie lo va a notar…” (“El Mercurio”, 2 de octubre, 2008).

Contraste con las próximas elecciones norteamericanas

En sentido opuesto a este creciente desinterés, se registró un aumento histórico de votantes en las elecciones
presidenciales norteamericanas.

¿Por qué esta diferencia?

Muy simple. Los candidatos Mc Cain y Obama presentaron proyectos definidos y antagónicos. No escondieron, o al menos no esquivaron confrontar sus diferencias. Y cuando los candidatos se enfrentan con claridad para conseguir la adhesión del elector, éste se siente concernido.El secreto de la participación en las elecciones no está en esconder las ideas, sino en convencer al electorado de que ellas son buenas, las mejores; y que las opuestas son malas.

Me imagino que los que gustan de asistir y pagan por ver un partido de tenis o una pelea de box, es porque creen realmente que hay un enfrentamiento de capacidades. Nadie pagaría si fuese un partido donde los contendores sonrían al público y no traten de dar golpes certeros al contrincante.

Si los partidos políticos chilenos continúan en esa política de esconder sus proyectos, de disimularlos, de pasar “gato por liebre”, las desconfianzas del electorado no harán sino aumentar.

La encuesta Barómetro Cerc, de septiembre pasado, confirmó claramente este divorcio elector-política. De las 16 instituciones nacionales sobre las cuales se preguntó a los chilenos si tenían “mucha” o “bastante” confianza, la que alcanzó más credibilidad fue Carabineros, con el 62%. Las que obtuvieron el ranking más bajo fueron los Partidos Políticos, con el 10%.

Es decir, lo chilenos confiamos más en los carabineros que nos sacan multas, que en los políticos que nos sonríen… curiosa paradoja!

Es que los seres pensantes queremos ser convencidos y no tratados como un rebaño al que se atrae con encantos o con vanas promesas.

No puedo firmar estos comentarios pues en el momento soy un “delincuente”, por haberme abstenido de votar y no justificar esto. Por más que tengamos confianza en los carabineros, si le explicaba todo esto para justificar mi ausencia, no me habría creído…

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