Suscribirse a:
Posts
Comentarios

Por Rodolfo Marcone L.
El Santo Padre acaba de concluir su ansiada visita a Brasil, el país con más católicos en el mundo, que hoy, por culpa de políticos sin escrúpulos, se encuentra asediado por un

 promoción legislativa a favor del aborto y de la eutanasia. Esto sucede en toda Latino América, por causa de los legisladores socialistas y liberales, que tratan de imponer al mayoritario pueblo católico leyes inicuas, que promueven la llamada “cultura de la muerte”.Por esta razón el Papa, al llegar a Brasil, señala que el respeto de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, es un deber intransable de todos los cristianos y hombres de buena voluntad.

Pero centrémonos en el discurso a los jóvenes brasileños y sud-americanos que el Papa pronunció el 10 de mayo en el estadio de Pacaembú ante 40 mil asistentes, que ansiosos querían escucharle y demostrarle el cariño, el respeto y la veneración que le tienen.

Fue un discurso profundo el pronunciado esa noche en el estadio paulista. Comienza hablándonos del episodio evangélico del “joven rico” que, buscando dar sentido a su vida, encuentra a Nuestro Señor Jesucristo y reconoce en Él a ese verdadero Maestro eterno. Es así que el Papa nos hace reflexionar a través de la pregunta que hace el joven rico al Maestro.

Santo Padre es muy consciente de los problemas que tenemos los jóvenes. Él conoce esa difícil juventud y por ello no se equivoca en su diagnóstico, falta esperanza, pues falta fe y caridad: “Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización; miedo de sobrar, por no descubrir el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado delante de la deslumbrante rapidez de los acontecimientos y de las comunicaciones.”

Todo esto redunda en que nuestro mundo actual, donde el joven es sometido a diversos males como “la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas, que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud”. Así nuestra juventud se vuelve vulnerable y cae en la desesperación de no poder encontrar el rumbo a la Eternidad, que pide la propia naturaleza humana y que se manifiesta en el impulso de seguir los mandamientos divinos.

El llamado a evangelizar nuestros ambientes.

Entonces el Santo Padre llama a todos los jóvenes católicos de este “Continente de la esperanza” a que se conviertan en misioneros, para que así cambien la desengaño por la esperanza, y construyan una sociedad mas justa, fraterna y apegada a la Ley divina, donde el amor se manifieste más.

Escuchemos atentamente sus palabras: “Sois jóvenes de la Iglesia, por eso yo os envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sed los apóstoles de los jóvenes, invitadles a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor, se encuentren con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios”

Protagonistas del Futuro.

Esta parte del discurso es central, pues el Papa nos llama a poner empeño en nuestra formación espiritual y humana, pues tenemos que estar preparados para un mundo que tiende a corromper a las almas y a las mentes, a través de falsas ideologías. Por ello debemos estar dispuestos a luchar por los valores morales universales a través de la defensa de la familia y de la vida humana en todas sus etapas:

”Podéis ser protagonistas de una sociedad nueva si buscáis poner en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero también un empeño personal de formación humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su medio ambiente, será presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más activos a todos los niveles.

La familia humana sufre hoy por el cáncer del divorcio, por el aumento desmedido de las parejas de hecho y por la triste situación de las madres solteras, por la legalización del abominable crimen del aborto; son problemas reales, injusticias terribles, que causan un problema moral inmenso, pues los vicios se han extendido gracias al espíritu liberal y ateo de la sociedad materialista en que vivimos.

Por ello el Santo Padre nos llama a buscar la libertad en la responsabilidad y para eso es necesario vivir en la virtud moral entregado por los Mandamientos de la ley de Dios, que debe ser siempre vértice de nuestra conducta. Es así que su Santidad nos dice que la vida verdadera del hombre consiste en seguir los Mandamientos, como lo enseñó Nuestro Señor Jesucristo en su Evangelio. Escuchemos al Sumo Pontífice:

“Jesús mismo explicita lo que es bueno para nosotros, dándonos su primera catequesis: «Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos » (Mt 19,17). Los Mandamientos conducen a la vida, lo que equivale a decir que ellos nos garantizan autenticidad. Son los grandes indicadores que nos señalan el camino cierto. Quien observa los Mandamientos está en el camino de Dios.” Esto lleva al Papa a afirmar que los Mandamientos no son un esquema de vida foráneo a nuestro ser, sino que viven y nacen de la misma naturaleza humana, esta Ley nace del corazón del hombre.

Pero sigamos atentamente las siguientes palabras de su Santidad, que se refieren a los mandamientos: “No nos son impuestos desde fuera ni disminuyen nuestra libertad. Por el contrario: constituyen impulsos internos vigorosos, que nos llevan a actuar en esta dirección. En su base está la gracia y la naturaleza, que no nos dejan inmóviles. Necesitamos caminar.”

El desafío a este mundo que ha caído en el error y muchas veces en el horror, es que los jóvenes católicos debemos ser libres de la perversa moda, de ese mundanismo que contamina el alma. Por ello el Papa hace un llamado fuerte a la responsabilidad frente a nuestra propia salvación, y también sobre los demás, en esta frase se resume el llamado a batallar por esos valores morales universales que están siendo atacados por las ideologías mundanas de laicismo y el liberalismo; por ello llama a defender la vida desde el inicio hasta, como Él dice, su final natural: ”Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural…”

Adentrémonos con el Santo Padre en el punto del significado de la libertad para los jóvenes: “De la vida brota la libertad que, sobre todo en esta fase, se manifiesta como responsabilidad. Es el gran momento de la decisión, en una doble opción: una en cuanto al estado de vida y otra en cuanto a la profesión. Responde a la cuestión: ¿qué hacer con la vida?”, y esta ultima pregunta tiene una respuesta con la petición central del discurso del Papa a los jóvenes brasileños y sud-americanos reunidos en Sao Paulo,: “Mi pedido hoy, a vosotros, jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana… La Iglesia necesita de vosotros, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo.” Aquí está el sentido profundo de la vida humana, de nuestra juventud. Consagrarnos a esos ideales de la fe en Nuestro Señor Jesucristo y la solidaridad humana, así caminaremos a un mundo mejor, a la gloria de Dios y a la salvación de las almas.

Deje su respuesta