“Si os he hecho mal, dime en qué; y si no, ¿por qué me golpeáis?”
Mayo 25th, 2008 por Administrador
Esta pregunta, formulada por Nuestros Señor durante su Pasión, bien podría ser repetida por los labios quemados de la imagen de Nuestra Señora del Carmen en la Catedral de Santiago, o por los labios cerrados para siempre del P. Grazziero, asesinado en la misma iglesia, o por todas las imágenes que han sido objeto de atentados y sacrilegios.
“Si no os he hecho mal ¿por qué me pegáis?
Los estudiantes de “El Reaccionario” creemos que la gravedad de los hechos recientes obligan a responder esta pregunta. Es lo que pasamos a hacer.
Comencemos por decir lo obvio. Una imagen religiosa no es otra cosa que un símbolo material y visible de una realidad espiritual e invisible. La imagen de Nuestra Señora del Carmen es la representación de la Madre de Dios, que bajo la advocación carmelitana intercede por sus hijos.
Así lo entendieron todos los chilenos, que desde el Voto de O’Higgins en Maipú, hace ya casi doscientos años, le han dirigido sus oraciones. Así lo entendió Arturo Prat, que al entregar su vida de forma heroica, lo quiso hacer con el escapulario de la Virgen del Carmen; así también lo entendió Santa Teresa de los Andes, que por amor a Dios se hizo carmelita; y así lo entienden todos los que de modo ininterrumpido y anónimo a Ella recurren.
a) La base de la virtud es la religión y la consecuencia fatal del vicio es la impiedad.
Las personas que han ido tejiendo nuestra historia, en su gran mauoría, no han sido santos. Pero ellos han considerado que sin el esfuerzo, la perseverancia, la fidelidad, entre muchas otras virtudes morales, un País no se construye ni es posible la existencia de una sociedad. Al mismo tiempo ellos han sentido – y ¿quién no lo siente? – la dificultad de practicarlas sin una ayuda sobrenatural. Y por eso han recurrido a la ayuda de Dios, valiéndose de la intercesión de su Madre. A Ella le han pedido la victoria en las batallas, la paciencia en las enfermedades, la perseverancia después de los terremotos.
Todo esto es natural y lógico para el hombre de Fe. Sin embargo, quien no quiera la práctica de las virtudes y sólo busque la satisfacción inmediata de sus sentidos, fácilmente piensa que no necesita de la ayuda de Dios y se molesta por la presencia de una imagen que se la recuerda.
Si se trata de gozar en esta vida, ¿para qué virtudes? Y si no hay necesidad de virtudes ¿para qué imágenes?
La base necesaria de la virtud es la Religión y la consecuencia fatal del vicio es la impiedad.
Cuando el conjunto de una Nación, sus dirigentes, padres de familia, legisladores, estudiantes, etc. buscan lo que los antiguos llamaban “el arte del buen vivir”, o sea, la virtud, tratan de apoyarse en lo sobrenatural, en Dios.
Cuando lo que se busca no es sino el gozo sensual, para no decir casi exclusivamente sexual de la vida, la consecuencia fatal es la impiedad. La Religión es vista como un estorbo y las imágenes que la recuerdan, pasan a ser presencias incómodas. De ahí a la pedrada o al incendio hay sólo un paso.
b) Dos tipos de autores: El que prepara el clima y el que ejecuta el atentado
Alguien podrá objetarnos que quienes cometieron esos atentados contra la vida de un sacerdote y contra la imagen de Nuestra Señora del Carmen, fueron enfermos mentales, o ebrios, o en todo caso inconscientes que no medían lo que hacían, y que por lo tanto le estamos dando a estos hechos una importancia que no se merecen.
Creemos que es necesario distinguir entre dos tipos de autores.Los ideólogos y los materiales.
Convengamos que varios de estos atentados pueden haber sido materialmente cometidos por ebrios o enfermos mentales; pero es difícil imaginar que los enfermos mentales se hayan puesto de acuerdo a lo largo de todo Chile, y de modo sistemático, para realizar estos atentados sacrílegos, con una especial intensidad en los años recientes. No es propio de enfermos mentales ni de ebrios la coordinación. Y lo que la evidencia de los hechos muestra, en su impresionante repetición, es que hay coordinación.
Los ataques a la Iglesia Católica, impresos en titulares de prensa, llamando a “auto excomulgarse”, como el de la “La Nación”, (21-04-08) o en “The Clinic”, cuyo titular comentando burlescamente el atentado a la Imagen de la Virgen del Carmen es irrepetible por grosero y obsceno. O las manifestaciones contra el fallo del Tribunal Constitucional, con “performances” anti-religiosas representando a un supuesto Papa repartiendo preservativos, con presencia de Diputados y Senadores de la Concertación, (“Las Últimas Noticias”), o la bomba colocada en la Universidad de Los Andes – para sólo citar los hechos más recientes – no son actos promovidos por enfermos mentales ni por ebrios.
Éstas son personas que de modo enteramente consciente y deliberado atacan y se burlan de la Iglesia. Y éstos son los ideólogos que preparan el clima psicológico en el cual actúan después los otros delincuentes.
c) La indiferencia ante estos hechos, síntoma de pérdida del sentir católico.
Alguien podrá objetarnos que estos ataques no representan sino a una pequeña parte del País y que estamos haciendo una tormenta en un vaso de agua, pues la gran mayoría permanece fiel a sus principios religiosos.
Sin entrar a considerar si estos hechos representan a muchos o a pocos, cosa por lo demás errada, porque esquiva tratar de la indiferencia ante hechos gravísimos, lo natural es que cuando una persona sana recibe un golpe, ella reaccione en proporción con el ataque. Así también el País en su conjunto, herido en un punto que debería ser de los más sensibles, que es el de su filiación mariana, tendría que reaccionar con un clamor nacional ante todos estos atentados.
Sin embargo, debemos constatar que lamentablemente no hemos presenciando ese clamor de sana indignación. Y en materia moral la indiferencia ante circunstancias graves tiene profundas analogías con lo que en el aspecto fisiológico es la lepra, con sus corolarios de insensibilidad y descomposición.
Imaginemos que en México, alguien quemase la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, impresa milagrosamente en la túnica del indio Diego, ¿cuál no sería la reacción de todos los mexicanos?
No está siendo ésta la reacción de la mayoría católica del País. Y éste es un síntoma grave, pues la apatía ante el crimen es una peligrosa señal de pérdida del sentido moral.
d) Te hacemos una invitación
Concluimos estas consideraciones haciéndote una invitación.
Si eres un estudiante católico, pregúntate cuál sería tu reacción si, regresando a tu casa, vieras que alguien quemó de propósito y con odio la fotografía de un ser querido, por ejemplo de tu madre. ¿Intentarías reparar el hecho?
El mejor modo de reparar la impiedad es la oración. Reza, si es posible en conjunto y en tu propio campus universitario, en reparación por estos sacrilegios, de modo que el aumento en la devoción de los católicos fieles compense y supere el odio que los atentados revelan.
Si no eres católico y crees que la vida es para gozarla, pues después no hay nada más, piensa que el fin último de este presupuesto es perder el sentido de vivir, pues esa felicidad que aquí buscas, te escapará, y sólo te quedará la frustración. Entonces te darás cuenta que para ti la vida perdió el sentido de ser vivida. Sal de esa rampa que acaba con tus mejores años y mira a María. Encontrarás en Ella un sentido superior para vivir y sufrir.
Si no te sientes ni católico ni ateo, y piensas que estás en un cómodo término medio, de un mero placer lúdico sin frenesí y laico sin odios, te advertimos que te estás engañando. Entre la virtud y el vicio no existe terreno intermedio. O se está subiendo hacia la cima de lo sublime, o se está bajando hacia los abismos del vicio y del horror.
La mediocridad no es sino un autoengaño de los espíritus egoístas.
A continuación ponemos a su disposición el último número del reaccionario publicado que se ha repartido en algunos campus universitarios