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Para muchos opinólogos la juventud es hoy mucho más auténtica y liberada de prejuicios que la de hace 30 años atrás. Por esta razón los jóvenes somos más felices, pues la clave de la felicidad estaría en poder hacer “lo que se quiere, con quien se quiere y cuando se quiere”.

Sin embargo los datos nacionales muestran que, lejos de estar alcanzando esa supuesta felicidad, la juventud chilena está cada vez más cerca de la depresión y de las enfermedades mentales.

“En 2007 se tramitaron 7.800 permisos médicos por esta causa: El 10% de licencias en menores de 20 años es por depresión. Entre 2005 y 2007, las solicitudes por trastornos de salud mental aumentaron un 109% en los trabajadores más jóvenes” (cf. “El Mercurio”, (4 de junio 2008).

La noticia da a conocer un estudio difundido esta semana por la Superintendencia de Seguridad social según el cual la depresión, “es la mayor alza registrada en el período 2005-2007 en todos los grupos etarios y en las 15 familias de patologías analizadas” (cf. Ídem).

Según el informe de la Superintendencia, “otra gran causa de licencias son los trastornos neuróticos, como síndrome de despersonalización y desvinculación de la realidad”, y agrega que, “los trastornos de ansiedad y el estrés grave son las otras causas importantes de licencia por salud mental en menores de 20 años”.

A estos datos deberíamos sumarles las licencias médicas de los jóvenes no trabajadores, o sea estudiantes secundarios y universitarios. Con los cual ciertamente las estadísticas se disparan aún más.

¿Las causas?

“Los especialistas señalan que estas pueden deberse a variados factores, incluyendo problemas familiares, accidentes graves (¿después de un carrete?), violaciones, entre cuyas secuelas puede haber síntomas angustiosos, estrés postraumático de pánico”.

O sea, según los especialistas, la depresión se debe precisamente a la crisis de la familia, que ya sea por “problemas”, ya sea por “violaciones” o por otras razones priva al joven del marco de protección natural que sólo ella puede dar a un menor de edad.

Estamos lejos de afirmar que todos los jóvenes que sufren depresión sea porque no tienen familias estables ni que todos los que no tienen una familia estable sufran depresión. Pero es claro que la familia funciona como un amparo que disminuye el impacto de los golpes, en especial los psicológicos.

Ahora la familia está en crisis precisamente por el abandono de las virtudes morales que le dan el sustento. Y ellas faltan porque se las abandonó para alcanzar la “felicidad”. Parece un círculo vicioso.

Para salir de este círculo, se debe comenzar entonces por fortalecer la familia y para fortalecerla se debe comenzar por abandonar las prácticas del amor libre. Sólo así los jóvenes podremos encontrar un ambiente que realmente nos proteja.

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