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Por Rodolfo Marcone Lo Presti.

¡Adórote, Jesús recién nacido, pues te adoran los Ángeles!

¡Oh Dios, tan chiquito y tan grande, tan nuevo y tan antiguo!

¡Pídote que nazcas en mí y que yo nazca en ti, y que crezcas y crezca yo hasta el día de la eternidad!

(Rdo. Padre Don Andrés Azcárate O.S.B, Misal diario,1946 )

El examen más importante de fin de año.

Llego diciembre, y el año inexorablemente termina, pues todo tiempo humano acaba más pronto que tarde, hemos tenido un año de batallas y luchas, de perdón, y arrepentimiento, de penitencias y júbilos, en nuestra humanidad se ha debatido el bien y el mal, y es por eso que llega el tiempo de ese examen final de conciencia, que nos permitirá discernir si estamos en la senda de las virtudes dulcísimas de Nuestro Señor Jesucristo o en el desvarió del pecado, egoísta y amargo.

Este Examen de conciencia nos permitirá enmendar el camino a tiempo, arrepintiéndonos, y volviendo al seno de Dios, a través de los dulces Sacramentos que nuestra Madre Iglesia nos entrega (Confesión y Eucaristía), pues ellos nos raparán y darán las Gracias suficientes para superar nuestra naturaleza caída, pero antes, hay que reconocer nuestros pecados(cosa que permite el examen de conciencia), para así repararlos, y disponerse a enfrentar en el futuro nuestros errores y malas inclinaciones, pues si no les damos batalla, no habrá paz, ni verdad en nuestra vidas.

Es así que también en esta bella época de Diciembre, primavera de la naturaleza, hemos recordado con ternura a nuestra buena madre la Santísima Virgen María, pues a pasado su mes, culminando este 8 de Diciembre, en la celebración de la Solemnidad de la Santísima y Purísima Concepción.

Navidad tiempo de esperanza.

Es así queridos lectores que con la meta de la examen de conciencia , la celebración a nuestra buena madre María, nos acercamos a la época mas hermosa, donde tiene cabida la celebración más solemne, bella y esperanzadora de la Cristiandad, como es la Navidad fecha de conmemoración del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo; y es por ello que resuenan las campanas de nuestras Iglesias y la Esperanza es la virtud que resalta la Madre Iglesia, especialmente este año nuestro Santo Padre Benedicto XVI, nos ha regalado una encíclica bellísima acerca de la virtud de la esperanza, que ha llamado “Spe Salvi”(la esperanza salva), así el Santo Padre nos adentra en los misterios que edifican la esperanza en Dios, en esta época de espera a la llegada del Niño Jesús, nos llama asumir los desafíos de la batalla contra el mal, que la esperanza en Nuestro Señor Jesucristo trae consigo; El que es Verdadero Dios y Verdadero Hombre, que naciendo en estas fechas de navidad, nos a redimido, así Nuestro Señor Jesucristo es El único y verdadero Redentor, El es nuestra Esperanza eterna.

La encíclica del Papa “Spe Salvi”, Salvados en la esperanza.

En este sentido leamos con el corazón abierto unos pequeños trocitos de esta ultima encíclica Papal, que nos recuerda que la esperanza no debe estar puesta en las manos humanas, de la ciencia o la técnica, sino en Dios:

“la puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva”. “Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza“.

Más adelante, al referirse al concepto de esperanza basada en la fe en el Nuevo Testamento, la encíclica recuerda que “el cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco que, con luchas cruentas, fracasó”. “Lo que Jesús había traído, habiendo muerto Él mismo en la cruz, era algo totalmente diverso: el encuentro con el Señor de todos los señores, el encuentro con el Dios vivo y, así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello transforma desde dentro la vida y el mundo”.

“No son –explica el Santo Padre– los elementos del cosmos, la leyes de la materia, lo que en definitiva gobierna el mundo y el hombre, sino que es un Dios personal quien gobierna las estrellas, es decir, el universo; la última instancia no son las leyes de la materia y de la evolución, sino la razón, la voluntad, el amor: una Persona. Y si conocemos a esta Persona, y ella a nosotros, entonces el inexorable poder de los elementos materiales ya no es la última instancia; ya no somos esclavos del universo y de sus leyes, ahora somos libres”.

En efecto, Jesús “nos dice quién es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre. Él nos indica el camino y este camino es la verdad”, explica el Papa.

Conclusiones y deseos navideños.

Pidamos sin duda esta virtud de la esperanza, y que al meditar las palabras llenas de sabiduría de nuestro Santo Padre Benedicto XVI, podamos así superar por la Gracia de Dios, todas nuestras debilidades humanas, y despleguemos la comunicación del Evangelio de Dios, en nuestras vidas cotidianas y ambientes mas próximos. Pudiendo vencer el abismo de la desesperanza y el falso amor, tan propagado hoy por las mentalidades modernas, medios de comunicación, artes y costumbres.

No olviden amigos, que la esperanza cristiana, supera todos los abismos(de la técnica, política, o ciencia), pues tiene como fundamento a un Dios-Hombre que ama personalmente y vence al mundo y sus leyes, pues es El hacedor de todas las cosas Nuestro Señor Jesucristo.

Así las ataduras del pecado o del mal contingente se destruyen, a través de la Gracia divina y la razón, que han sido traídas consigo por la persona misma de Dios( N. S Jesucristo), fundamento de nuestra libertad y dignidad, es en este panorama donde se renuevan los impulsos para vencernos a nosotros mismos, y poder amar cada día más a Dios y a nuestro prójimo, la esperanza cimentada en el amor , nos hace alegres y luchadores, pues tenemos la certeza que el amor puede todo, pero también sabemos que no cualquier amor, si no que el único amor verdadero, ese que es de entrega en Cruz, ese que es un absoluto hacia el futuro, amor de entrega total.

Les deseo que en estas fechas de Navidad, todas estas certezas expuestas calen en sus corazones, por aquello oren y hagan buenas obras, dejando el miedo a un lado, e ir contra corriente a las modas y maneras de ser, individualistas, materialistas y ateas, que se nos imponen en todo el quehacer de esta post modernidad; dispongamos a seguir con generosidad y ternura a Jesucristo, amando cada día más a nuestro prójimo, y acercándonos a la Iglesia y María santísima, caminos seguros de Santidad, esto se los desea de corazón el Reaccionario.

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